Ya son 600 los muertos. Llevamos doce días asistiendo a una masacre en toda regla, a un acto de exterminación premeditada y sanguinario. A un lado, un pueblo encerrado entre muros, vallas y alambres de espino; al otro, una poderosa e implacable maquinaria militar que arrasa con todo a su paso, incluidos mujeres, ancianos y niños. El Gobierno y el Ejército israelíes, enloquecidos en medio de una auténtica orgía de sangre, no van a detenerse por esas menudencias.

Masacre
Unas letras sobre Al-Hamas

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